Laura García AgustínPsicóloga Clínica y escritora. Profesora Titular de Victimología de la Universidad Camilo José Cela de Madrid. Directora del Centro CLAVESALUD de Investigación de las Ciencias del Comportamiento
La base de la Autoestima se forma en la niñez, ¿verdad?
Así es. Las autoestima como el resto de las actitudes y cualidades humanas se aprende a lo largo del desarrollo y se va consolidando a través de las experiencias positivas que se van viviendo. Por este motivo es preciso sentar unas adecuadas bases desde el principio que garanticen que las personas tengan una adecuada valoración de sí mismas que les capaciten para conseguir los objetivos que van marcándose a lo largo de su vida.
Para que este proceso se desarrolle con normalidad y con óptimos resultados, es preciso que los niños se sientan queridos y valorados para que puedan aprender a quererse y a valorarse, la mejor manera de conseguirlo es que sus figuras de referencia, sus modelos, que generalmente son sus padres, se muestren recompensantes, es decir, que dediquen mayor tiempo y energías a recompensar lo que el niño hace bien, a alabarle cuando intenta conseguir algo, a destacar su esfuerzo y no sólo el resultado, a hablar de un modo positivo y resaltando siempre lo que se puede mejorar, etc., en vez de destacar lo que el niño hace mal.
También es importante que los padres aprendan a describir el comportamiento del niño y eviten etiquetarlo, esto es, es mejor decir, “no me gusta que dejes los juguetes tirados por el suelo” a decir “eres un desastre o un desordenado”. De este modo el niño aprende que lo que se reprueba es su conducta no su persona por lo que su autoestima no se verá atacada.
¿Quién la forma? Cómo influyen padres, educadores, entorno
Un niño nace en un entorno y dentro de una determinada familia y será allí donde aprenderá la mayor parte de su repertorio de conducta aunque luego lógicamente se relacionará con otras personas (tíos, abuelos, profesores, etc.), pero será en la familia donde se sienten las bases de su educación en valores, sus actitudes, su estilo de pensamiento, etc.
Por este motivo, todo lo que sus modelos hagan será absorbido por el menor condicionando su aprendizaje. Por eso es tan importante que los modelos sean consecuentes y no funcionen de un modo arbitrario y caprichoso con el niño, es decir, lo que está mal está mal siempre y no habrá justificación alguna aunque a los padres pueda venirles bien, y lo que está bien lo está bien siempre.
Quiero decir, si el niño tiene que venir a casa a una determinada hora, lo tendrá que hacer como norma y no porque a los padres les venga bien que venga más tarde por conveniencia propia cambiar una pauta o norma de forma arbitraria. O si no se puede hablar con la boca llena o decir palabrotas o mentir, no podrá hacerlo nadie no hay distinciones entre grandes y pequeños. Pues si utilizamos dos varas de medir y le decimos a los niños “yo lo hago porque soy mayor pero tú no puedes hacerlo”, conseguiremos confundirles y no seremos modelos eficaces que le aporten la seguridad y estabilidad que necesitan para construir y consolidar una adecuada autoestima porque nunca sabrán a qué atenerse y cuándo se espera qué cosa de ellos.
¿Cuáles son los errores más frecuentes de los padres?
Uno de los principales errores de los padres es precisamente fijarse demasiado en las cosas que no les gustan de sus hijos, en lo que los niños hacen mal. Se obstinan en regañar y en enfadarse con los niños con la absurda idea de corregirles para conseguir hijos perfectos, hijos que reflejen las frustraciones no cumplidas, pero equivocan la estrategia, pues cuando se resalta lo que se hace mal ese comportamiento aumenta irremisiblemente, simple y llanamente porque se le presta una atención adicional. Es el principio de reforzamiento, esto es toda conducta a la que se le presta atención (la atención es el reforzador más potente que existe) aumenta en frecuencia, en intensidad y en duración, tanto si es positiva como negativa. Por tanto, si se desea que un niño aprenda a quererse y a valorarse es preciso que resaltemos todo aquello que hace bien o cualquier aproximación al comportamiento que queremos instaurar y hemos de ser especialmente generosos con la aprobación y con el elogio, y adoptaremos un tono jovial, positivo que anime al niño. Es decir, no basta con darse cuenta pero no decir nada o decir un lánguido “muy bien”, que está bien, pero es mucho mejor que destaquemos la conducta o el esfuerzo y que lo intensifiquemos con una expresión de emociones.
Por ejemplo: si Pepito ha recogido sus juguetes es mejor decirle: “¡qué bien, Pepito, es estupendo, has recogido tus juguetes fenomenal, estoy muy contenta, me gusta mucho, etc.” en lugar de “es lo que tienes que hacer” o no decirle nada.
Otra cosa importante que los padres suelen hacer y que atenta directamente contra la consolidación de la autoestima de los niños es comparar a unos niños con otros o con sus hermanos. Este tipo de comportamiento lo que termina provocando es una mayor inseguridad e inmovilidad en el niño que dejará de confiar en sí mismo y en sus posibilidades para hacerse valer y valorarse a favor de otros atributos, conductas o personas con las que se le compara y con los que sale perdiendo.
Frases del tipo: “eres un desastre”, “no hay quien pueda contigo”, “eres incorregible”, “que torpe eres”. “tú no puedes”, “mira tu hermano que bien lo hace”, etc., sólo sirven para etiquetar una conducta que quedará instaurada como rasgo sólo por repetición, por insistencia de los padres, no porque exista de antemano pero que lamentablemente después no sólo determinará la futura conducta del niño sino que imposibilitará un futuro cambio.
Algunos padres muestran un comportamiento o actitud despreciativa hacia los niños faltándoles al respecto sin ningún pudor sólo porque son más pequeños, les humillan, desprecian, se burlan o se ríen del niño cuando éste les pide ayuda o recurre a ellos porque sienten miedo o porque necesitan protección. Frases que reflejan este tipo de actitud: “eres un cobardita”, “los niños no lloran”, “tienes que se más fuerte”, “Eres malo”, “No quiero que me hables", “déjame en paz, no quiero saber nada de ti”, “eres tonto”, “te voy a dar un tortazo”, etc. Estas actitudes y comportamientos suelen alternarse con otras totalmente opuestas, descolocando al niño que no sabe a qué atenerse ni por qué ocurre ese hecho, que no sabe por qué unas veces es "querido y bonito" y otras es “malo y un desastre”, creándole de esta manera una gran confusión emocional.
¿Qué perfil tiene un niño con Autoestima baja?
La baja autoestima no tiene necesariamente que ver con el aspecto físico, yo he visto muchos niños y adolescentes con unas características físicas muy buenas, excelentes estudiantes y aparentemente niños bien adaptados, se portan bien, se relacionan aceptablemente bien y luego se hunden ante el menor inconveniente.
La baja autoestima tiene que ver con el valor que el niño se da, con la imagen que tiene de sí mismo y con el resultado que obtiene al comparar lo que piensa de sí mismo con la información que los demás le devuelven de sí mismo y con el valor que él le da a cada uno de sus atributos.
He conocido niños guapísimos con una autoestima por los suelos y niños gorditos con una adecuada autoestima, todo depende del valor que ellos le den a sus propios atributos y del valor que les concedan a la opinión de los demás sobre esos mismos atributos.
¿La opinión de los niños sobre sí mismos es muy variable a lo largo del día?
No necesariamente, la opinión de un niño sobre sí mismo es algo bastante estable si está bien constituida, es decir, cuando un niño aprende quién es y aprende a valorar sus capacidades, sus conductas y sus esfuerzos ya sabe hacerlo, es decir, ya sabe cuáles son los mecanismos y los recursos que tiene que utilizar para valorase, quererse y sentirse bien y simplemente los aplica. Es como hacer una paella, te puede salir mejor o peor según el día pero sabes cómo se hace.
Lo que ocurre es que los niños están en proceso de desarrollo por lo que en ocasiones necesitarán un refuerzo de sus capacidades y recursos y es más que probable que recurran a sus fuentes de seguridad para afianzar estos recursos y si esas fuentes de seguridad (que son sus modelos) no son consecuentes o estables su proceso de desarrollo y la consolidación de sus recursos valorativos personales pueden sufrir un receso.
¿Cuáles son las características de un niño con Autoestima baja.?
Son niños que nunca están satisfechos con lo que hacen, siempre s exigen más a sí mismos, se minusvaloran continuamente y se pasan el tiempo comparándose con los demás, siendo su evaluación negativa, o sea, lo suyo siempre es peor.
Mantienen un diálogo interno muy negativo basado en constantes etiquetas negativas del tipo: “Fulano es mejor que yo”, presentan una autocrítica dura y excesiva que hace que acabe despreciándose a sí mismo y sintiendo una permanente insatisfacción personal.
Presentan una alta sensibilidad a la crítica, por lo que suelen personalizar en exceso y sentirse permanentemente atacados, suelen echar la culpa a los demás de sus errores y suelen justificarse en exceso pues buscan constantemente la aprobación de los demás. Suelen mostrarse de un modo dubitativo y les cuesta enormemente tomar decisiones pues tienen un miedo atroz a equivocarse y ser evaluados negativamente por los demás.
Pretenden darle gusto a todo el mundo por lo que suelen sentir una gran frustración cuando ven que esto no ocurre, les cuesta un triunfo decir que no por miedo a provocar desagrado en los demás o sentir su rechazo.
Presentan un nivel de exigencia muy alto por lo que suelen tender a un perfeccionismo exagerado que finalmente les lleva a desmoronarse por no poder cumplir con sus irreales expectativas.
Tienen un alto nivel de ansiedad provocado por su constante inseguridad y su miedo a hacer las cosas mal, la culpa les mata y les lleva a preocuparse en extremo por cosas que ya han hecho y de las que siempre se arrepienten. Tienden a dramatizar y a utilizar un lenguaje muy negativo tanto para describirse como para describir lo que ocurre en su entorno, en el mundo y con los demás, maximizan sus errores y minimizan sus aciertos.
Suelen mostrarse irritables y están en tensión constante. Les cuesta disfrutar de las cosas, siempre piensan en lo peor y ven el futuro con miedo e inseguridad.
¿Cuales son las señales de alarma para llevarle al psicólogo?
Es fundamental que estemos muy atentos a lo que nuestros hijos nos cuentan sobretodo cuando nos hablan de sí mismos o de sus relaciones con los compañeros del colegio, pues nos permitirá acceder a una información privilegiada: si tiene amigos, si le cuesta hacer amistades, qué lugar ocupa en el grupo, si se siente integrado, etc.
Normalmente, los niños suelen hablar sobre sus propios logros y fracasos. Si detectamos que el niño utiliza habitualmente para dirigirse a sí mismo expresiones negativas y generalistas del tipo: "no valgo para nada", "todo me sale mal", "nadie me quiere", etc., podemos empezar a sospechar que algo no anda bien y que su autoestima no se encuentra en buen estado. Conviene detectarlo a tiempo pues este tipo de discurso negativo de su comportamiento hará que su autoestima se resienta porque llegará a creer lo que se dice y a etiquetar su comportamiento como algo que no se puede cambiar. Es el momento en que los adultos pueden actuar reestructurando ese discurso y enseñándole al niño la manera de hablarse de una forma más positiva y descriptiva.
Por ejemplo, si se ha enfadado con un amigo y se dice “es que ya no le voy a hablar más, no le importo” podemos cuestionárselo diciéndole “que es normal que a veces las personas se enfaden", que eso no hace que no nos sigan importando y que no le importemos a ellas, que después del enfado las cosas se ven de otro modo, etc. También podemos preguntarle como se sentía antes del enfado y hacerle ver que igual que antes se sentía bien es normal que tras el enfado se sienta molesto.
Normalizar y permitir que salgan las emociones tanto las positivas como las negativas es un elemento fundamental para reforzar una saludable autoestima porque con demasiada frecuencia se impide que los niños expresen como se sienten, les tapamos sus emociones o se las negamos diciéndoles cosas del tipo: “no es para tanto”, “no te pongas así”, “no llores”, etc., contribuyendo de esta manera a un enquistamiento emocional y una falta de seguridad en sí mismo que lógicamente atentará directamente contra su propia imagen.
En general, es bueno que acudamos a un profesional cuando la situación se nos escape de las manos y no sepamos qué hacer para ayudar a que nuestro hijo se sienta mejor, cuando le veamos decaído y maximizando su errores y minimizando sus logros, cuando su autodiscurso y su autocrítica sean especialmente negativos y cuando veamos que le cuesta desenvolverse con soltura en su entorno cotidiano y en su grupo de iguales. Por supuesto para poder detectarlo a tiempo es importante que mantengamos abierta una línea fluida de diálogo con ellos.
¿A qué edad es fundamental sentar las bases de la Autoestima? .
Aunque los niños empiezan a ser conscientes de sí mismos y comienzan a valorarse de forma más directa entorno a los 5 años, es fundamental que sentemos unas adecuadas bases desde el principio. Desde que un niño nace es fundamental que le estimulemos para que se sienta bien, estar atento de sus necesidades y resaltar sus pequeños logros para que éstos cada vez se conviertan en logros mayores. Desde el principio es fundamental decirles con mucha frecuencia que les queremos, hablarles con un lenguaje positivo siempre resaltando su esfuerzo y no el resultado. De este modo desde el principio ellos aprenderán a saber cual es el lugar que ocupan en el mundo, aprenderán a saber quiénes son y aprenderán a quererse de forma incondicional independientemente de que en ocasiones no estén del todo satisfechos con lo que hagan y de este modo podrán evaluar sus fallos como algo modificable y mejorable y no como errores fatales que les impidan seguir creciendo como personas.
Posteriormente en cada etapa es importante que reforcemos ciertas actitudes y recursos que pueden serles útiles durante su desarrollo tratando de cuestionar con ellos ciertos conceptos que puedan venir de fuera y que les impongan un determinado canon de belleza o un determinado estatus, ten en cuenta que el grupo de iguales ejerce una presión constante y es una fuente inagotable de comparaciones, a veces, “odiosas” para las que tienen que estar preparados. Pensamientos o actitudes del tipo: “tienes que estar delgado para sentirte bien”, o “tengo que vestir de determinada manera”, “fulanita es más guapa”, etc., han de ser cuestionadas y reestructuradas por los padres con los menores cuando vayan surgiendo por comparación con sus iguales y en ese momento los padres tendrán que hacer un buen trabajo de refuerzo de los valores fundamentales. “No es mejor el más guapo, lo importante es lo que pueda ofrecer como persona”, “no importa la ropa que lleves porque tú te fijas en lo que haces con los demás, en lo que los demás hacen contigo, en cómo se comportan, “nadie es más guapo que nadie, todos somos personas atractivas porque todos tenemos algo importante y distinto que ofrecer a los demás”, etc.
¿Cómo potenciar la Autoestima en los niños?
Resaltando lo que hacen bien, animándoles a intentarlo aunque fallen, ayudándoles a no desesperarse por no conseguir a la primera lo que pretenden, hablándoles con un lenguaje positivo, minimizando sus errores, describiendo su conducta y no etiquetándola, resaltando su esfuerzo y no el resultado, queriéndoles mucho y haciéndoselo saber constantemente, ayudándoles a convertir los inconvenientes en ventajas y a buscar el lado bueno de las cosas, identificando sus pensamientos negativos sobre sí mismo y ayudándoles a cambiarlos por otros más ajustados y más realista, es decir, no es que sea torpe es que algo le ha salido mal.
¿Cómo alcanzar el equilibrio entre narcisismo y baja Autoestima?
Son dos extremos, y creo que lo mejor es mantenerse en un punto intermedio. Es bueno, muy bueno, que los niños aprendan a quererse y a valorarse de forma positiva. No obstante, el narcisismo o el amor excesivo por uno mismo puede resultar perjudicial por ser un extremo, del mismo modo que tenerse en baja estima.
Una persona con una adecuada autoestima no siente la necesidad de compararse con los demás, ni de competir con nadie. Sabe que lugar ocupa, sabe quien es y cuales son sus valores por lo que se siente bien consigo mismo. Cree firmemente en esos valores y principios y se muestra dispuesto a defenderlos aún cuando los demás sean contrarios, por lo que se siente lo suficientemente seguro como para modificar esos valores, actitudes o principios si nuevas experiencias indican que estaba equivocado.
Se muestra capaz de actuar del modo que considera más apropiado, confiando en su propia intuición y sin sentirme culpable cuando a otros no les gusta lo que ha hecho. No dedica demasiado tiempo en preocuparse o lamentarse por lo que ha hecho en el pasado, ni por lo que pueda ocurrir en el futuro. Confía en su capacidad para resolver sus propios problemas, sin dejarse intimidar o influir por los fracasos y dificultades que puedan surgir.
No se minusvalora, ni se siente inferior a otros. Asume que es una persona interesante y valiosa para otros, por lo menos para aquellos con los que se relaciona. No deja que los demás le manipulen, aunque se muestra dispuesta a colaborar si le parece apropiado.
Reconoce y acepta en sí mismo una variedad de emociones tanto positivas como negativas y sabe como expresarlas sin sentirse molesto por hacerlo. Disfruta de las cosas que hace, de sus actividades cotidianas como jugar, descansar, caminar, estar con amigos, etc. Reconoce las necesidades y apetencias de los demás y es capaz de empatizar con los demás incluso cuando sus emociones no coinciden con las del otro.